Pequeño roce, pequeño gesto de la mirada;
noche de luna naciente, naciente de suspiros y temblores,
de caricias y canciones, susurros y vanos amores.
Silencio completos, palabras rebosantes;
cual disparo certero de una gota en sus labios.
Lágrimas con llave de paso; único sistema binario
que enriquece colores y convierte una mirada en aroma.
Un camino circular, un camino que siempre lleva al mismo sitio,
un completo sabor avainillado con humo de regalo.
Tal fue el mundo de los sueños de media tarde.